domingo, 2 de agosto de 2009

Dios Espíritu Santo quiere seguirla viendo en la tierra sin que deje de estar en el cielo: "echad raíces en mis elegidos"

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34. Dios Espíritu Santo quiere formarse elegidos en Ella y por Ella, y le dice: In electis meis mitte radices*. Echad, mi bienamada y mi Esposa, las raíces de todas vuestras virtudes en mis elegidos, a fin de que crezcan de virtud en virtud y de gracia en gracia. He tenido tanta complacencia en Vos, cuando vivíais en la tierra en la práctica de las más sublimes virtudes, que deseo seguiros encontrando sobre la tierra, sin que dejéis de estar en el cielo. Reproducíos para este fin en mis elegidos: que Yo vea con complacencia en ellos las raíces de vuestra fe invencible, de vuestra humildad profunda, de vuestra mortificación universal, de vuestra oración sublime, de vuestra caridad ardiente, de vuestra esperanza firme y de todas vuestras virtudes. Vos sóis en todo momento mi Esposa tan fiel, tan pura y tan fecunda como siempre: que vuestra fe me dé fieles; que vuestra pureza me dé vírgenes; que vuestra fecundidad me dé elegidos y templos.
(*) Eclesiástico, XXIV, 13.


Comentario
Los dos motores de la Revolución anticristiana (enseña Plinio Corrêa de Oliveira en Revolución y Contra-Revolución::ver texto en internet), son el orgullo y la sensualidad. Los líderes de la Revolución gnóstica e igualitaria tratan de modelar la sociedad en base a estos dos vicios. En contraposición San Luis María, que percibió claramente aspectos esenciales del proceso revolucionario, indica que las raíces de la Ssma. Virgen producen y producirán almas vírgenes. Coincide con las previsiones del Doctor Seráfico San Buenaventura, que previó una época donde las almas puras darán el tono, y, por contraste, coincide también con las Profecías de El Buen Suceso, en que Nuestra Señora le reveló a la Madre Mariana de Jesús Torres y Berriochoa que en en el siglo XX (lo entendemos como un período, no como una fecha cerrada), avanzará tanto la inmoralidad que casi "no habrá en el mundo almas vírgenes".
Es magnífico imaginar una sociedad de almas que van creciendo de virtud en virtud y de gracia en gracia. ¡Qué progresos de todo tipo no se verán en esos benditos días! Recemos para que María Ssma. apresure esos tiempos que anunció en Fátima.

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