domingo, 26 de julio de 2009

Esta buena Madre guarda en su seno a los escogidos para hacerlos conformes a la imagen de su Divino Hijo, y darlos a luz el día de su muerte


33. Además, siendo Jesús tan fruto de María ahora como siempre, según el Cielo y la tierra se lo repiten mil y mil veces a diario: “Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”, es indudable que Jesucristo es, para cada hombre en particular que lo posee, tan verdaderamente fruto y obra de María como lo es para todo el mundo en general. De manera que si algún fiel tiene a Jesucristo formado en su corazón, puede decir audazmente: “infinitas gracias a María; Aquel que yo poseo es efecto y fruto de Ella, y sin Ella yo no lo tendría”; y pueden aplicársele (a la Virgen) con más razón aún que como lo hacía San Pablo con respecto a sí mismo, estas palabras: “Quos iterum parurio, donec formetur Christus in vobis*; yo doy a luz todos los días a los hijos de Dios, hasta que Jesucristo mi Hijo sea formado en ellos en la plenitud de su edad”. San Agustín, superándose a sí mismo, y a cuanto acabo de decir, afirma que todos los predestinados, para ser conformes a la imagen del Hijo de Dios, son escondidos en este mundo en el seno de la Santísima Virgen, donde son guardados, alimentados, mantenidos y criados por esta buena Madre, hasta que Ella los dé a luz a la gloria, luego de la muerte, que es propiamente el día de su nacimiento, como la Iglesia llama a la muerte de los justos. ¡Oh misterio de gracia desconocido de los réprobos, y poco conocido de los predestinados!
(*) Gal., IV, 19.
Comentario
El rol de Nuestra Señora como lo describe con inspiración única San Luis María, es inmenso y colma las máximas aspiraciones de perfección, de cumplimiento de la misión que cada hombre tiene en la vida, y Ella, Reina de los Corazones, lo lleva a alcanzar una semejanza increíble con Nuestro Señor Jesucristo para luego gozarle en la vida eterna. ¡Qué civilización puede nacer -y nacerá- cuando las almas de los hombres, como anunció el Santo, respiren a María como los cuerpos respiran el aire!
Los propios paganos -por ejemplo los indígenas- tenían idea de una gran diosa, de una madre tierra, de una "tierra sin mal" a alcanzar, mitos que, sin perjuicio de ser mitos, y de los rituales frecuentemente siniestros a que daban lugar, muestran un deseo de encontrar a un ser superior, divino, y de llegar a una realidad paradisíaca -"la tierra escarlata" de los guaycurúes. Los griegos aspiraban a la perfección estética, admiraban, aún sin saberlo, la perfección del hombre creado a imagen y semejanza de Dios. Cómo todo esto entra en sus verdaderos carriles en la Fe católica apostólica romana, especialmente con la impronta montfortiana. Cómo abre caminos no sólo a las almas individualmente consideradas, llevando la perfección humana a un auge, pues "la gracia perfecciona la naturaleza", sino como partes vivas y únicas de un conjunto orgánico, con una nota propia, como los instrumentos de una gran orquesta, como destellos de un gran firmamento, que es la sociedad orgánica, la Cristiandad renovada que San Luis María Grignion de Montfort anuncia en el Tratado y en la Oración Abrasada.
¡Cómo no admirar este gran ideal que el inspirado varón de Dios profetizó, en forma coincidente con las revelaciones de Nuestra Señora de Fátima! Movidos por esa admiración a la sabiduría divina, a la acción de la Ssma. Virgen en las almas y en la sociedad, confiemos y recemos por esas altísimas promesas y objetivos. Y hagamos lo que esté de nuestra parte para que se cumplan cuanto antes. Dios espera nuestro movimiento de alma y nuestra acción.

domingo, 19 de julio de 2009

"Un hombre y un hombre es nacido en Ella"

32. ¡“Un hombre y un hombre es nacido en ella, dice el Espíritu Santo! Homo et homo natus est in ea” *. Según la explicación de algunos Padres**, el primer hombre nacido de María es el Hombre-Dios, Jesucristo; el segundo es un puro hombre, hijo de Dios y de María por adopción. Si Jesucristo, Cabeza de los hombres, ha nacido en Ella, los predestinados, que son los miembros de esta Cabeza, por consecuencia necesaria deben también nacer en Ella. Una misma madre no da a luz la cabeza sin los miembros, ni los miembros sin la cabeza: de lo contrario sería un monstruo de la naturaleza; del mismo modo, en el orden de la gracia, la Cabeza y los miembros nacen de una misma Madre; y si un miembro del cuerpo místico de Jesucristo, es decir un predestinado, naciera de otra madre y no de María, que ha producido la Cabeza, no sería un predestinado ni un miembro de Jesucristo, sino un monstruo en el orden de la gracia.
*) Ps. LXXXVI, 5, ed. Vulgata
**) Entre otros Orígenes, seguido por San Buenaventura. Ver nº 141.

viernes, 10 de julio de 2009

"In Israel hereditare: y sea Israel tu herencia"

Maravilloso paisaje de Tierra Santa, que refleja muchos imponderables y misterios que afloran en el texto de San Luis María Grignion de Montfort, cuando Nuestro Señor le dice a su Madre: "...y sea Israel tu herencia", simbolizando a los hombres bienaventurados, prefigurados en el Antiguo Testamento, linaje escogido para ser dominio de la Ssma. Virgen
31. Dios Hijo quiere formarse y, por así decirlo, encarnarse todos los días, por medio de su querida Madre, en sus miembros, y le dice: “In Israel hereditare…(*): …y sea Israel tu herencia”. Es como si dijera: Dios mi Padre me ha dado por herencia todas las naciones de la tierra, todos los hombres, buenos y malos, predestinados y réprobos; conduciré a unos por la vara de oro y a los otros por la vara de hierro; seré el padre y el abogado de los unos, el justo vengador de los otros, y el juez de todos; pero en cuanto a Vos, mi querida Madre, no tendréis por vuestra herencia y posesión más que los predestinados, figurados por Israel; y, como su buena madre, Vos los daréis a luz, los alimentaréis y educaréis; y, como su soberana, Vos los conduciréis, gobernaréis y defenderéis.
(*) Eclesiástico, XXIV, 13

Comentario

San Luis María de Montfort, con luces proféticas, parece estar describiendo un filón luminoso de la humanidad, llamado a desempeñar un rol clave en la Historia, de hombres que serán por ello y para ello nacidos de Ella, alimentados y educados por Ella. Qué maravilla poder conocer estas enseñanzas en esta época en que "el mal y los malos" -como decía García Moreno- parecen enseñoreados de los estados y de la opinión, implantando leyes y costumbres violatorias de la ley de Dios. Pues el gran Doctor mariano previó el triunfo de los hijos de la Virgen sobre los fautores del mal, y esto constituye una magnífica y sólida esperanza.