miércoles, 28 de abril de 2021

En la fiesta de San Luis María Grignion de Montfort, publicamos su portentosa ORACION ABRASADA


 

San Luis María Grignion de Montfort

Memento…

ORACION ABRAZADA (Prière Embrasée)

San Luis María Grignion de Montfort

Publicada originariamente en el site Nobleza.org

▪ La división en días, título y subtítulos  -que se presta para meditaciones diarias- es tomada de Preces(*)

◊ San Luis María Grignion de Montfort compuso esta oración teniendo en cuenta a los Apóstoles de los Ultimos Tiempos. En nuestra época, marcada por las graves advertencias y promesas de Fátima, la aflicción de la Santa Iglesia es tan universal y profunda que, con algunas adaptaciones, se pueden aplicar estas palabras de fuego: que el Inmaculado Corazón de María nos conceda Sacerdotes y Apóstoles laicos -semejantes a estos admirables misioneros de que nos habla el Santo- que, como instrumentos de la Virgen Santísima, logren la exaltación de la Esposa de Cristo y la derrota de las huestes infernales (Cfr. “Preces”, VI Semana de Estudios de “Catolicismo”, A.D. 1958, pp.7/21, Impr. Assumpção Teixeira S.Paulo, para Boa Imprensa Ltda., Campos, RJ)


ORACION PIDIENDO APOSTOLES

PARA LAS ACTUALES CALAMIDADES


1º DÍA: SUSCITAD HOMBRES DE VUESTRA DIESTRA

[1] Memento, Domine, Congregationis tuae, quam possedisti ab initio* (cf. Ps 74 [73], 2). Acordaos, Señor, de vuestra Congregación, que habéis poseído desde toda la eternidad, pensando en ella en vuestro espíritu ab initio; que habéis poseído en vuestras manos cuando sacasteis el universo de la nada ab initio; que poseíste en vuestro corazón cuando vuestro querido Hijo muriendo en la cruz la regaba con su sangre y la consagraba por su muerte confiándola a su Madre Santísima. Memento Congregationis tuae quam possedisti ab initio*.

(*) Acuérdate de tu congregación, que ha sido desde el principio tu posesión. Cf. Antiguo Testamento, Vulgata, Cultural SA, Madrid.

[2] Escuchad, Señor, los designios de vuestra misericordia; suscitad hombres de vuestra diestra, tales como los habéis mostrado, dándoles conocimientos proféticos, a algunos de vuestros mayores siervos, un San Francisco de Paula, un San Vicente Ferrer, una Santa Catalina de Siena, y a tantas otras grandes almas en el siglo pasado y aún en éste en que vivimos.

[3] Memento: Dios Todopoderoso, acordaos de esta Compañía aplicándole la omnipotencia de vuestro brazo, que no ha disminuido, para darla a luz y conducirla a su perfección: Innova signa, immuta mirabilia (Si 36,6), sentiamus adjutorium brachii tui*: Oh gran Dios, que podéis hacer de las piedras brutas otros tantos hijos de Abraham, decid una sola palabra como Dios para enviar buenos obreros a vuestra cosecha y buenos misioneros a vuestra Iglesia.

(*) Renovad los prodigios y haced milagros nuevos (Si 36,6); que sintamos la ayuda de vuestro brazo

 [4] Memento: Dios de bondad, acordaos de vuestras antiguas misericordias, y por esas mismas misericordias acordaos de esta congregación; acordaos de las reiteradas promesas que nos habéis hecho por vuestros profetas y por vuestro propio Hijo de atendernos en nuestros justos pedidos. Acordaos de las oraciones que vuestros siervos y siervas os han hecho sobre este asunto durante tantos siglos; que sus deseos, sus gemidos, sus lágrimas y su sangre derramada vengan a vuestra presencia y soliciten poderosamente vuestra misericordia. Pero acordaos sobre todo de vuestro amado Hijo: respice in faciem Christi tui* (Ps 84 [83] 10). Su agonía, su confusión y su queja amorosa en el Huerto de los Olivos, cuando dijo: quae utilitas in sanguine meo** (Ps 30 [29], 10). Su cruel muerte y su sangre derramada os griten altamente misericordia, a fin de que, por medio de esta Congregación, su imperio sea establecido sobre las ruinas de sus enemigos.

(*) Pon los ojos en el rostro de tu Cristo

(**) ¿Qué utilidad te acarreará mi muerte?


 [5] Memento: Acordaos, Señor, de esta comunidad a los efectos de vuestra justicia. Tempus faciendi, Domine, dissipaverunt legem tuam* (Ps 119 [118], 126): es tiempo de hacer lo que habéis prometido hacer. Vuestra divina ley es transgredida, vuestro Evangelio es abandonado, los torrentes de iniquidad inundan toda la tierra y arrastran hasta vuestros siervos, toda la tierra está desolada, la impiedad está sobre el trono, vuestro santuario es profanado y la abominación está hasta en el lugar santo.                                                   

¿Dejaréis todo así al abandono, justo Señor, Dios de las venganzas? ¿Se tornará todo al final como Sodoma y Gomorra? ¿Os callaréis siempre? ¿Soportaréis siempre? ¿No hace falta que vuestra voluntad se haga sobre la tierra como en el cielo y que venga [a nosotros] vuestro reino? ¿No habéis mostrado anticipadamente a algunos de vuestros amigos una futura renovación de vuestra Iglesia? ¿Los judíos no deben convertirse a la verdad? ¿No es eso lo que la Iglesia espera? ¿Todos los santos del cielo no os gritan justicia: vindica (Ap. 6,10)? ¿Todos los justos de la tierra no os dicen: amen, veni, Domine**? (Ap 22,20). Todas las criaturas, aún las más insensibles, gimen  bajo el peso de los innumerables pecados de Babilonia y piden vuestra venida para restablecer todas las cosas. Omnis creatura ingemiscit, etc.*** (Cf. Rom, 8,22).

(*) Es tiempo de obrar, Señor, han echado por el suelo tu ley

(**) Amen, venid Señor!

(***) Todas las creaturas están suspirando…


2º DIA: DESAPEGADOS DE TODO AFECTO TERRENO

 [6] Señor Jesús, memento Congregationis tuae: acordaos de dar a vuestra Madre una nueva Compañía para renovar por Ella todas las cosas y terminar por María los años de la gracia, como los habéis comenzado por Ella.


Da matri tuae liberos, alioquin moriar (Gn 30, 1): dad hijos y siervos a vuestra Madre, de lo contrario, que yo muera. Da Matri tuae: es por vuestra Madre que os lo pido. Acordaos de sus entrañas y de sus pechos y no me rechacéis. Acordaos de quien sois Hijo y escuchadme. Acordaos de lo que Ella es para Vos y de lo que Vos sois para Ella, y satisfaced mis deseos.

¿Qué es lo que os pido? Nada en mi favor, todo por vuestra gloria. ¿Qué es lo que os pido? Lo que Vos podéis y aún, me atrevo a decirlo, lo que debéis concederme, como verdadero Dios que sois, a quien todo el poder ha sido dado en el cielo y en la tierra, como el mejor de todos los hijos, que amáis infinitamente a vuestra Madre.

 [7] ¿Qué es lo que os pido? Liberos: sacerdotes(1) libres de vuestra libertad, desapegados de todo, sin padre, sin madre, sin hermanos, sin hermanas, sin parientes según la carne, sin amigos según el mundo, sin bienes, sin estorbos y sin cuidados, y aún sin voluntad propia.

[N.d.l.R.1: cfr. el contexto de la Oración Abrasada y pasajes similares del Tr. de la Verd. Devoción, el Santo podría también referirse aquí a apóstoles laicos]

[8] Liberos: esclavos de vuestro amor y de vuestra voluntad, hombres según vuestro corazón que, sin voluntad propia que los manche y los detenga, hagan todas vuestras voluntades y arrollen a todos vuestros enemigos, como otros tantos Davides, [con] el báculo de la Cruz y la honda del Santo Rosario en las manos; in baculo Cruce et in virga Virgine (S.17, 40 y Ps 23 (22), 4).


[9] Liberos: nubes elevadas de la tierra y llenas de rocío celeste que, sin impedimento, vuelan por todas partes según el soplo del Espíritu Santo. Son ellos en parte los que conocieron vuestros profetas cuando preguntaban:  qui sunt isti qui sicut nubes volant* (Is 60,8)? Ubi erat impetus spiritus illuc gradiebantur** (Ez 1, 12).

(*) ¿quiénes son esos que vuelan como nubes?

(**) Adonde los llevaba el ímpetu del Espíritu, allá iban

[10] Liberos: hombres siempre a vuestra mano, siempre listos a obedeceros, a la voz de sus superiores, como Samuel: praesto sum (1S 3, 16), prestos siempre a correr y a sufrirlo todo con Vos y por Vos, como los Apóstoles: eamus et nos ut moriamur cum illo (Jn 11, 16**).

(*) Presto estoy!

(**) Vamos también nosotros y muramos con él.

[11] Liberos: verdaderos  hijos de María, vuestra Santa Madre, engendrados y concebidos por su caridad, llevados en su seno, pegados a sus pechos, alimentados con su leche, educados por sus cuidados, sostenidos por su brazo y enriquecidos de sus gracias.


[12] Liberos: verdaderos siervos de la Santa Virgen que, como otros tantos Santos Domingos vayan por todas partes, con la antorcha brillante y ardiente del santo Evangelio en la boca y el santo Rosario en la mano, a ladrar como perros, a arder como fuegos y a alumbrar las tinieblas del mundo como soles, y que, por medio de una verdadera devoción a María, es decir interior sin hipocresía, exterior sin crítica, prudente sin ignorancia, tierna sin indiferencia, constante sin liviandad y santa sin presunción, aplasten por todas partes por donde vayan la cabeza de la antigua serpiente, a fin de que la maldición que Vos le echásteis se cumpla enteramente: inimicitias ponam inter te et mulierem, inter semen tuum et semen ipsius et ipsa conteret caput tuum* (Gn 3, 15).

(*) Yo pondré enemistades entre ti y la mujer, y entre tu raza y la raza de Ella. Ella aplastará tu cabeza y tú andarás acechando a su calcañar.


3º DIA: EN LUCHA CON EL DEMONIO

[13] Es verdad, gran Dios,  que el demonio pondrá, como lo habéis predicho, grandes asechanzas al talón de esta mujer misteriosa, es decir a esta pequeña Compañía de sus hijos que vendrán hacia el fin del mundo, y que habrá grandes enemistades entre esta bienaventurada posteridad de María y la raza maldita de Satanás. Pero es una enemistad toda divina y la única de la que Vos sois el Autor: inimicitias ponam*. Pero estos combates y estas persecuciones, que los hijos y la raza de Belial librarán contra la raza de vuestra Santa Madre, no servirán sino para hacer brillar más el poder de vuestra gracia, el coraje de su virtud y la autoridad de vuestra Madre; puesto que Vos le habéis dado desde el principio del mundo el encargo de aplastar a este orgulloso por la humildad de su corazón y de su talón: Ipsa conteret caput tuum**.

(*) Yo pondré enemistades …

(**) Ella aplastará tu cabeza

[14] Alioquin moriar*: ¿No es mejor para mí morir que veros, mi Dios, todos los días tan cruel y tan impunemente ofendido y de estar todos los días más y más en peligro de ser arrastrado por los torrentes de iniquidad que crecen? Mil muertes me serían más tolerables. O enviadme socorro del cielo o llevaos mi alma. Si no tuviese la esperanza de que oiréis pronto o tarde a este pobre pecador en los intereses de vuestra gloria, como habéis ya oído a tantos otros: iste pauper clamavit et Dominus exaudivit eum** (Ps 34 [33], 7), yo os pediría absolutamente con un profeta: tolle animam meam*** (1 R 19, 4). Pero la confianza que tengo en vuestra misericordia me hace decir con otro profeta: non moriar sed vivam et narrabo opera Domini**** (Ps 118 [117], 17), hasta que pueda decir con Simeón: nunc dimittis servum tuum in pace, quia viderunt oculi mei***** (Lc 2, 29-30), etc.

(*) …que yo muera)

(**) Clamó este pobre y el Señor le oyó

(***) ¡Toma mi alma!)

(****) No moriré, viviré y relataré la obra del Señor! 

(*****) Ahora, Señor, despides a tu siervo, según se lo prometiste, en paz. Porque vieron mis ojos la salvación, etc.


4º DIA: GENERADOS POR EL ESPIRITU SANTO EN MARIA

 [15] Memento: Espíritu Santo, acordaos de producir y formar hijos de Dios con vuestra divina y fiel Esposa María. Vos formásteis la cabeza de los predestinados con Ella y en Ella; y es con Ella y en Ella que debéis formar todos sus miembros.  Vos no engendráis ninguna persona divina en la Divinidad, pero sois Vos solo quien formáis todas las personas divinas fuera de la Divinidad, y todos los santos que han sido y serán hasta el fin del mundo son otras tantas obras de vuestro amor unido a María.

[16] El reino especial de Dios Padre duró hasta el diluvio y terminó por un diluvio de agua; el reino de Jesucristo terminó por un diluvio de sangre, pero vuestro reino, Espíritu del Padre y del Hijo, continúa actualmente y terminará por un diluvio de fuego, de amor y de justicia.

 [17] ¿Cuándo vendrá ese diluvio de fuego del puro amor que Vos debéis encender sobre toda la tierra de un modo tan suave y tan vehemente que todas las naciones, los turcos, los idólatras y hasta los judíos han de arder en él y convertirse? Non est qui se abscondat a calore ejus (Ps 19 [18], 7). Accendatur (Lc 12, 49): que este divino fuego que Jesucristo ha venido a traer sobre la tierra se encienda antes que Vos encendáis el de vuestra cólera que reducirá toda la tierra a cenizas. Emitte Spiritum tuum et creabuntur et renovabis faciem terrae (Ps 104 [103], 30); enviad este Espíritu todo de fuego sobre la tierra para crear en ella sacerdotes (1) todos de fuego, por cuyo ministerio la faz de la tierra sea renovada y vuestra Iglesia reformada.

(*)…ni hay quien pueda esconderse de su calor (Ps. 18 (19), 7)

(**) Yo he venido a poner fuego en la tierra

N.d.l.R.1: cfr. el contexto de la Oración Abrasada y pasajes similares del Tr. de la Vd. Devoción, el Santo podría también referirse a apostoles laicos


[18] Memento Congregationis tuae: es una congregación, es una asamblea, es una selección, es un apartado de predestinados que Vos debéis hacer en el mundo y del mundo: Ego elegi vos de mundo* (Jn 15, 19). Es un rebaño de corderos pacíficos que Vos debéis juntar de entre tantos lobos; una Compañía de castas palomas y de águilas reales de entre tantos cuervos; un enjambre de abejas de entre tantas avispas; una manada de ciervos ágiles de entre tantas tortugas; un escuadrón de leones valerosos de entre tantas liebres tímidas. ¡Ah! Señor: congrega nos de nationibus** (Ps 106 [105], 47). Congregadnos , unidnos, para que se rinda toda la gloria a vuestro nombre santo y poderoso.

(*) Os entresaqué Yo del mundo

(**) Recógenos de entre las naciones


5º DIA: ENTERAMENTE CONFIANTES EN LA PROVIDENCIA

[19] Vos predijisteis esta ilustre Compañía a vuestro profeta, que habla de ella en términos bien oscuros y bien secretos pero totalmente divinos: 1. Pluviam voluntariam segregabis, Deus, haereditati tuae et infirmata est, tu vero perfecisti eam. – 2. animalia tua habitabunt in ea. Parasti in dulcedine tua pauperi, Deus. – 3. Dominus dabit verbum evangelizantibus virtute multa. – 4. Rex virtutum dilecti dilecti et speciei domus dividere spolia. – 5. Si dormiatis inter medios cleros, pennae columbae deargentatae et posteriora dorsi ejus in pallore auri. – 6. Dum discernit caelestis reges super eam, nive dealbabuntur in Selmon; mons Dei, mons pinguis. – 7. Mons coagulatus, mons pinguis; ut quid suspicamini montes coagulatos. – 8. Mons in quo beneplacitum est Deo habitare in eo, etenim Deus habitabit in finem(*) (Ps 68 [67], 10-17).

(*) Oh Dios, Tú distribuiste una lluvia abundante y apacible a tu heredad; ella estaba agotada, pero Tú la has recreado. 2. Tendrán en ella morada los que son de tu grey; en tu bondad, oh Dios, has provisto al pobre. 3. El Señor dará palabras a cuantos anuncian con valor la buena nueva. 4. El rey de los ejércitos está con su muy amado; y la hermosura de la casa reparte los despojos. 5. Cuando descansáis en medio de los apriscos, sóis como una paloma de plateadas alas, cuyas plumas por la espalda echan brillo de oro. 6. Cuando el Altísimo ejerce su juicio sobre los reyes de la tierra, blanquea con la nieve el Selmón. El monte de Dios es un monte fértil. 7. Monte cuajado, monte fecundo. 8. ¿Por qué andáis pensando en otros montes fértiles? En este monte Dios se complació en fijar su morada. Sí, en él habitará el Señor para siempre (Ps 68 [67], 10-17); (cf. El Antiguo Testamento, Vulgata, t. II, 4ta. ed., Ed. Guadalupe, Buenos Aires).

[20] ¿Cuál es, Señor, esa lluvia voluntaria que Vos habéis separado y escogido para vuestra heredad debilitada sino estos santos misioneros, hijos de María, vuestra Esposa, que Vos debéis reunir y separar del común por el bien de vuestra Iglesia tan debilitada y tan manchada por los crímenes de sus hijos?

[21] ¿Quiénes son esos animales y esos pobres que permanecerán en vuestra heredad y que allí serán alimentados de la dulzura divina que Vos les habéis preparado sino estos pobres misioneros abandonados a la Providencia que rebosarán de vuestras más divinas delicias; sino estos animales misteriosos de Ezequiel que tendrán la humanidad del hombre por su caridad desinteresada y bienhechora hacia el prójimo, el coraje del león por su santa cólera y su celo ardiente y prudente contra los demonios e hijos de Babilonia, la fuerza del buey por sus trabajos apostólicos y su mortificación contra la carne, y finalmente la agilidad del águila por su contemplación en Dios? Tales serán los misioneros que Vos queréis enviar a vuestra Iglesia. Tendrán ojo de hombre para el prójimo, ojo de león contra vuestros enemigos, ojo de buey contra sí mismos y ojo de águila para Vos.


[22] Estos imitadores de los apóstoles predicarán virtute multa* (cf. Mt. 24, 30; Mc 13, 16), virtute magna** (cf. Ac 4, 33; Bar 2, 11), con gran fuerza y virtud, y tan grande y estrepitosa y resplandeciente [éclatante], que revolverán a todos los espíritus y corazones en los lugares donde predicarán. Es a ellos a quienes daréis vuestra palabra: dabit verbum: vuestra misma boca y vuestra sabiduría; dabo vobis os et sapientiam cui non poterunt resistere omnes adversarii vestri (Lc 21, 15) a la que ninguno de sus enemigos podrá resistir.

(*) Con gran poder

(**) Con gran valor; (Bar) Con mano fuerte

(***) Yo pondré las palabras en vuestra boca y una sabiduría a que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros enemigos

[23] Es de entre estos bienamados que Vos, en calidad de Rey de las virtudes, de Jesucristo el bienamado, tomaréis vuestras complacencias, pues ellos no tendrán otro fin en todas sus misiones que daros toda la gloria de los despojos que arrebatarán a vuestros enemigos: Rex virtutum dilecti dilecti et speciei domus dividere spolia*.

 (*) El rey de los ejércitos está con su muy amado; y la hermosura de la casa reparte los despojos

[24] Por su abandono a la Providencia y su devoción a María tendrán las alas plateadas de la paloma; inter medios cleros pennae columbae deargentatae, es decir la pureza de la doctrina y de las costumbres; y su espalda dorada: et posteriora dorsi ejus in pallore auri, es decir una perfecta caridad hacia el prójimo para soportar sus defectos y un gran amor por Jesucristo para llevar su cruz.


[25] Vos solo, como Rey de los cielos y Rey de los reyes, separaréis del común a estos misioneros como otros tantos reyes para tornarlos más blancos que la nieve en la montaña de Selmón, montaña de Dios, montaña abundante y fértil, montaña fuerte y coagulada, montaña en la que Dios se complace maravillosamente y en la que El habita y habitará hasta el fin.

¿Quién es, Señor, Dios de verdad, esta misteriosa montaña de la que nos decís tantas maravillas sino María, vuestra querida Esposa, cuyos cimientos habéis puesto sobre las cumbres de las más altas montañas: Fundamenta ejus in montibus sanctis* (Ps 87 [86], 1). Mons in vertice montium** (Is 2, 2).

(*) Sobre los montes santos está ella fundada.

(**) el monte de la casa del Señor estará preparado sobre la cumbre de los montes

Felices y mil veces felices los sacerdotes (ver N.d.l.R.1) que Vos habéis escogido y predestinado tan bien para morar con Vos en esta abundante y divina montaña, a fin de que allí lleguen a ser reyes de la eternidad por su desprecio de la tierra y su elevación en Dios, a fin de allí volverse más blancos que la nieve por su unión a María, vuestra Esposa toda bella, toda pura y toda inmaculada, a fin de allí enriquecerse del rocío del cielo y de la grosura de la tierra, de todas las bendiciones temporales y eternas de que María está llena.   

Es de lo alto de esta montaña que, como otros Moisés, lanzarán por sus ardientes plegarias dardos contra sus enemigos para abatirlos o convertirlos. Es en esta montaña donde oirán de la propia boca de Jesucristo, que allí mora siempre, la inteligencia de sus ocho bienaventuranzas. Es en esta montaña de Dios que serán transfigurados con El sobre el Tabor, que morirán con El como en el Calvario y que subirán al Cielo con El como desde el monte de los Olivos.



6º DIA: QUE APAGUEN EL FUEGO EN LA CASA DE DIOS

[26] Memento Congregationis tuae. Tuae: a Vos sólo os toca formar por vuestra gracia esta Congregación; si el hombre pone el primero la mano, nada se hará; si mezcla de lo suyo con Vos echará todo a perder, trastornará todo. Tuae Congregationis: es vuestra obra, gran Dios. Opus tuum fac: haced vuestra obra toda divina, juntad, llamad, reunid de todas partes de vuestro dominio a vuestros elegidos para haceros de ellos un cuerpo de ejército contra vuestros enemigos.

[27] ¡Ved, Señor, Dios de los ejércitos, los capitanes que forman compañías completas, los potentados que levantan ejércitos numerosos, los navegantes que arman flotas enteras, los mercaderes que se reúnen en gran número en los mercados y las ferias!¡Qué de ladrones, de impíos, de borrachos y de libertinos se unen en tropel contra Vos todos los días y tan fácil y prontamente! un silbido que se lance, un tambor que se toque, una punta de espada oxidada que se muestre, una rama de laurel que se prometa, un pedazo de tierra amarilla o blanca que se ofrezca…, en tres palabras, un humo de honra, un interés de nada y un miserable placer de bestia que se tiene en vista reúne en un instante a los ladrones, agrupa los soldados, junta los batallones, congrega a los mercaderes, llena las casas y los mercados y cubre la tierra y el mar de una muchedumbre innumerable de réprobos que, aunque todos divididos los unos de los otros, por la distancia de los lugares, o por la diferencia de humores, o por su propio interés, se unen no obstante todos juntos hasta la muerte para haceros la guerra bajo el estandarte y la conducción del demonio.


[28] Y vos, gran Dios, aunque haya tanta gloria, dulzura y provecho en serviros, ¿casi nadie tomará vuestro partido? ¿Casi ningún soldado se alistará bajo vuestros estandartes? ¿Casi ningún San Miguel clamará, del medio de sus hermanos, lleno de celo por vuestra gloria: Quis ut Deus? Ah! Permitidme gritar por todas partes: fuego! fuego! fuego! Socorro! socorro! socorro! Fuego en la casa de Dios, fuego en las almas, fuego hasta en el santuario! ¡Socorro a nuestro hermano que asesinan, socorro a nuestros hijos que estrangulan, socorro a nuestro buen padre que apuñalan!

[29] Qui Domini est jungatur mihi* (Ex 32, 29): que todos los buenos sacerdotes [ver N.d.l.R.1] que están repartidos en el mundo cristiano, sea que estén actualmente en el combate o que se hayan retirado del fragor de la batalla a los desiertos y soledades, que estos buenos sacerdotes vengan y se unan a nosotros. Vis unita fit fortior**, a fin de que hagamos bajo el estandarte de la Cruz un ejército bien formado en batalla y bien ordenado para atacar de concierto a los enemigos de Dios que ya han sonado la alarma: sonuerunt, frenduerunt, fremuerunt, multiplicati sunt*** (cf. Ps 2, 1; 25 [24], 19; 46 [45], 4; 35 [34], 16; 38 [37], 20). Dirumpamus vincula eorum et projiciamus a nobis jugum ipsorum. Qui habitat in coelis irridebit eos**** (Ps 2, 3-4).

(*) El que sea del Señor, júntese conmigo

(**) La fuerza, unida, se hace más fuerte

(***) Bramaron, hicieron rechinar los dientes, se agitaron, se multiplicaron (cfr. Preces)

(****) “Rompamos sus ataduras; arrojemos lejos de nosotros su yugo. Aquel que reside en los cielos se ríe de ellos”

[30] Exsurgat Deus et dissipentur inimici ejus (Ps 68 [67], 1)! Exsurge, Domine, quare obdormis? Exsurge* (Ps 44 [43], 24). ¡Señor, levantáos! ¿Por qué parecéis dormir? Levantáos en vuestra omnipotencia, vuestra misericordia y vuestra justicia, para formaros una Compañía escogida de guardias de corps, para guardar vuestra casa, para defender vuestra gloria y salvar vuestras almas, para que no haya más que un rebaño y un pastor, y que todos os rindan gloria en vuestro templo: et in templo ejus omnes dicent gloriam (Ps 29 [28], 9). Amen.

(*) Levántese Dios y sean disipados sus enemigos! Levantáos Señor, por qué parecéis dormir? Levantáos!

¡Dios sólo!

 

sábado, 24 de abril de 2021

¡Pobres hijos de María! Sois de la misma masa corrompida que los hijos de Adán, mas...no por eso perdáis el coraje (TVD 177)

 

Adán y Eva


177. ¡Pobres hijos de María!  vuestra flaqueza es extrema, vuestra inconstancia es grande, viciado vuestro  interior! Sois, lo confieso, de la misma masa corrompida que los hijos de Adán y Eva; más no por eso perdáis el coraje; mas..., consolaos! mas..., regocijaos!; he aquí el secreto que os enseño, secreto desconocido por casi todos los cristianos, aún por los más devotos.

No dejéis vuestro oro y vuestra plata en cofres que ya han sido forzados por el espíritu maligno que os robó, y que son demasiado pequeños, demasiado débiles y demasiado viejos para contener un tesoro tan grande y tan precioso. No pongáis el agua pura y cristalina de la fuente en vuestros vasos totalmente echados a perder e infectados por el pecado. Si el pecado ya no está más allí, el olor aún permanece y el agua se contaminará. No pongáis vuestros exquisitos vinos en vuestros viejos toneles que han sido llenados con malos vinos: quedarían estragados y en peligro de ser descartados.

Comentario de IPSA CONTERET:

Traité de la Vraie Dévotion à la Sainte Vierge

PÈRES MONTFORTAINS (Cie de Marie)


Traducido del original francés por este blog IPSA CONTERET, privilegiando las expresiones originales del Santo sobre
 expresiones castellanas más habituales
A.M.M.G.

El cielo y la tierra pasarían antes que Ella fuese negligente e infiel con quienes confían en Ella (TVD 176)

 

Marquesa de Lacoma, mujer de un banquero español 

176. Esta buena Madre recibe siempre, por pura caridad, cuanto se le confía en depósito. Y, una vez que lo ha recibido en calidad de depositaria, ella queda obligada en justicia –en virtud del contrato de depósito– a guardárnoslo; como una persona a quien yo hubiera confiado en depósito mil escudos estaría obligada a guardármelos, de suerte que, si por negligencia suya, mis mil escudos se perdieran, ella sería, en rigor de justicia, responsable de la pérdida. ¡Pero no!, jamás la fiel María dejará que se pierda por negligencia suya lo que se le ha confiado; el cielo y la tierra pasarían antes que Ella fuese negligente e infiel con quienes confían en Ella.

Comentario de IPSA CONTERET:

Traité de la Vraie Dévotion à la Sainte Vierge

PÈRES MONTFORTAINS (Cie de Marie)


Traducido del original francés por este blog IPSA CONTERET, privilegiando las expresiones originales del Santo sobre
 expresiones castellanas más habituales
A.M.M.G.

domingo, 28 de marzo de 2021

Domingo de Ramos: Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén - JESUCRISTO, Su vida, su Pasión, su Triunfo - P. Berthé

 

Giotto - Entrada triunfal de Jesús en Jerusalen


LIBRO SEXTO. La excomunión y el hosanna.

CAPÍTULO III. El Hosanna. 

JESÚS EN BETANIA. — EL FESTÍN DE DESPEDIDA. — LA UNCIÓN DE MARÍA MAGDALENA. CRÍTICA DE JUDAS. RESPUESTA DEL SALVADOR. — PREPARATIVOS DEL TRIUNFO. — EL ASNA Y SU POLLINO. — « HOSANNA AL HIJO DE DAVID » . — JESÚS LLORA POR JERUSALÉN. — INDIGNACIÓN DE LOS FARISEOS. —(Matth. XXVI, 6-13 ;  XXI, 1-11. — Marc. XIV, 3; XI, 1-11 — Luc. XIX, 29-44. - Joan. XII, 1-19.) 

JESÚS fue recibido en Betania con transportes de gozo, no sólo por sus amados huéspedes, sino por toda la población de la aldea, feliz con volver á ver al divino taumaturgo que había resucitado á Lázaro. El día siguiente, sábado, fue para todos un verdadero día de fiesta. Las ovaciones de los peregrinos habían abierto los corazones á la esperanza. Se preguntaban si no estarían en vísperas de un triunfo, á pesar de que, después de la sentencia de excomunión, había fundamento para prever que los enemigos del Salvador intentarían apoderarse de él durante su permanencia en la capital. 

Entre los principales habitantes de Betania se encontraba un ferviente admirador de Jesús, porque el buen Maestro lo había anteriormente sanado de la lepra, llamado Simón el leproso. Invitó éste á su bienhechor á tomar la cena en su casa, en compañía de sus apóstoles, de su amigo Lázaro y de muchos otros discípulos. Marta se encargó, según su costumbre, de dirigir el servicio de la mesa. 

Durante la cena, María, la hermana de Marta, la pecadora de Mágdala, se acordó que un año antes en una circunstancia semejante, había obtenido del Salvador el perdón de sus faltas. Entregada del todo á su Dios, creyó que antes de su partida á Jerusalén, convenía dar el adiós al Maestro honrándole con un acto memorable de veneración y amor. Cuando el Salvador ocupó su lugar en la mesa del festín, María, con un vaso de alabastro en sus manos lleno de perfumes de gran precio, se acercó á él, rompió el vaso y derramó su precioso nardo sobre la cabeza del divino huésped; luego, echándose á sus pies, los ungió igualmente y los enjugó con sus largos cabellos. Toda la casa quedó como embalsamada con un exquisito y suave olor. 

Los convidados observaban aquella escena con la mayor atención. Era costumbre entre los judíos romper un vaso en medio del festín para recordar, entre las alegrías del mundo, la fragilidad de la vida humana. María acababa de profetizar, como lo venía haciendo el Maestro desde algunos días atrás, que la separación se acercaba. Todos se unían de corazón á María en aquel supremo homenaje rendido al Salvador, cuando desde un grupo de discípulos se dejaron oir palabras de descontento. Judas, uno de los doce, melancólico y taciturno hasta aquel momento, expresaba en voz alta su indignación por esa prodigalidad que calificaba de insensata. ¿Con qué fin, dijo, un gasto tan exagerado? ¡Fácil habría sido vender en trescientos denarios estos perfumes que derrocháis y dar esta suma á los pobres! 

Muchos aplaudieron esta crítica sin sospechar, por cierto, las secretas intenciones del pérfido apóstol. Judas se inquietaba muy poco por los pobres, pero como manejaba la bolsa común del colegio apostólico y con poco escrúpulo, aquellos trescientos denarios eran objeto de su codicia. Por otra parte, había perdido ya el amor á su Maestro desde el momento en que sólo enfrevió para él humillaciones y tal vez una catástrofe en la cual necesariamente quedarían envueltos sus discípulos. ¿Por qué, pensaba, tributar semejantes honores a un hombre que habla tanto de su reino y se encuentra siempre reducido á la mendicidad ? 

Jesús veía muy claro lo que pasaba en aquella alma atormentada por el demonio y él mismo se encargó de responderle. « No molestes á esta mujer, dijo á Judas y á los otros censores ¿por qué le reprocháis su conducta para conmigo? Acaba de practicar una buena acción, anticipándose á rendirme los honores de la sepultura. Siempre tendréis pobres á quienes socorrer, pero á mí, no siempre me tendréis. Censuráis á esta mujer y yo os digo, que en donde quiera que se predique mi Evangelio, su nombre será pronunciado con honor á causa de lo que acaba de hacer. » 

Por lo demás, aquella unción real de Betania, censurada por un traidor y alabada por un Dios, no era más que el preludio del triunfo también real que al siguiente día todo un pueblo iba á tributar al Salvador. Jesús había rehusado la corona terrestre que los Galileos engañados, no cesaban de ofrecerle; pero él quería antes de morir, que este mismo pueblo reconociera su verdadera dignidad real y condujera triunfalmente á través de las calles de su capital al Hijo de David, al Mesías libertador, al verdadero rey de Israel. En presencia de los fariseos que le llenaban de injurias desde hacía tres años, del Sanhedrín que le había excomulgado, del gran sacerdote que se preparaba á pronunciar contrá él sentencia de muerte, Jesús iba á aparecer como rey pacífico, pero también como rey omnipotente; como un pastor dispuesto á morir por sus ovejas, pero también como el juez de los que tramaban su muerte. Y los millares de hombres que de todas las naciones llegarían á Jerusalén para las fiestas de Pascua, asistirían también á la exaltación del Mesías realizada por todo el pueblo de Israel, antes de ver á este mismo Mesías suspendido en el patíbulo de los criminales. 

Antes de la llegada de Jesús á Betania, los peregrinos que ya invadían á Jerusalén se informaban con ansiedad acerca del profeta de Nazaret. La resurrección de Lázaro preocupaba á todos los espíritus y naturalmente cada uno deseaba volver á ver y oir á aquel hombre bastante poderoso para sacar vivo del sepulcro á un muerto de cuatro días. Por todas partes se oía esta pregunta: ¿Vendrá á la fiesta ó le arredrará el decreto del Sanhedrín? Cuando de repente, los peregrinos que hicieron con Jesús el camino de Jericó á Betania, esparcieron la noticia de que el profeta pasaría el sábado en casa de Lázaro y al día siguiente subiría al templo. 

En el acto, se manifestó en todos los cuarteles de la ciudad una agitación extraordinaria. Multitud de vecinos y extranjeros treparon al monte de los Olivos, impacientes de ver al Maestro y á su amigo Lázaro salido de la tumba. Lázaro y las gentes de Betania referían todas las particularidades del gran milagro verificado por el profeta, de suerte que el número de los partidarios de Jesús, aumentando de hora en hora, comenzó á infundir terror á los príncipes de los sacerdotes. Inquietos y turbados, éstos últimos tuvieron el pensamiento de hacer morir á Lázaro, aquel testigo vuelto de la tumba para cubrirles de confusión. 

Tal era el estado de los espíritus, cuando, el domingo, Jesús dejó á Betania para hacer su entrada en Jerusalén. Sus apóstoles le rodeaban esperando ver comenzar ya el reinado de su Maestro. Una multitud inmensa le escoltaba lanzando exclamaciones de alegría. Y no sólo no le desagradaban aquellas demostraciones, sino que luego manifestó su voluntad de entrar á la ciudad santa como un rey en su capital. Llegado al monte de los Olivos, cerca de la aldea de Betfajé, hizo detenerse á la multitud y tomando aparte á dos de sus discípulos, les dijo: « id á aquella aldea que está delante de vosotros; á la entrada de ella encontraréis una asna atada y su pollino sobre el cual nadie ha montado todavía. Desatadlos y traédmelos; que si alguien os preguntare con qué derecho lo hacéis, responded que por orden del Maestro y os lo permitirá.»  Los dos mensajeros encontraron, en efecto, el asna y su pollino atados á una puerta que daba al camino. Preguntóseles qué intentaban hacer con ellos y como los enviados respondieran lo que les había ordenado el Maestro, les dejaron partir sin ninguna observación. 

El asno había sido la cabalgadura de los reyes y montado en él el verdadero rey de Judá, debía hacer la entrada en su capital, según la profecía de Zacarías: «Alégrate, hija do Sión! Hé aquí que tu rey viene á ti lleno de mansedumbre, montado sobre una asna y su pollino. » Los discípulos se despojaron de sus mantos para engalanar con ellos al pollino, é hicieron subir sobre él á Jesús. Luego la multitud, entre gritos de alegría, le acompañó á Jerusalén. 

Aquello fué verdaderamente una marcha triunfal. Multitudes acudían desde la ciudad al encuentro del cortejo, llevando palmas en las manos y haciendo resonar el aire con sus aclamaciones; de manera que Jesús se encontró estrechado entre dos oleadas de pueblo, los que le seguían desde Betania y los que le salían al encuentro. A medida que el Salvador avanzaba, unos extendían sus vestiduras á lo largo del camino, otros arrojaban ramas de árboles á su paso; todos á porfía celebraban las alabanzas del profeta y le proclamaban rey de Israel. 

Guando la comitiva, llegada á la cima del monte, divisó los blancos muros de la ciudad santa, sus espléndidos palacios y su vasto templo rodeado de parapetos, lanzó á todos vientos sus gritos de fe y de amor : «¡Hosanna! ¡Hosanna en lo más alto de los cielos! ¡Gloria al Hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en el nombre del Señor, á restaurar el reino de David nuestro Padre!»  No se podía reconocer más claramente al Mesias prometido á Abraham y cantado por ios profetas. Ante tal espectáculo, los envidiosos fariseos que se habían mezclado en el acompañamiento, echaban en cara á Jesús los gritos sediciosos de sus partidarios y calificaban de revuelta contra el César esta ovación que se hacía á su enemigo. «¡Maestro, le decían con un despecho que no podían disimular, os conjuramos que hagáis callar á vuestros discípulos! — ¡ Es inútil, les respondió el Salvador, porque en este momento, si ellos callaran, las piedras mismas clamarían! » 

En aquella hora escogida por Dios para glorificar á su Hijo en nombre de la nación judía, no habría habido poder humano capaz de impedir aquella pública manifestación de su soberanía. ¡Desgraciados de aquellos que, en aquel día solemne, rehusaron abrir sus ojos á la luz y blasfemaron contra Jesús, en lugar de cantar con el pueblo un himno á su gloria! Desde la cima del monte, el Salvador detuvo un instante su mirada sobre esa Jerusalén que desde hacía tanto tiempo venía despreciando obstinadamente la gracia de la salvación y sus ojos se llenaron de lágrimas. «¡Oh Jerusalén, exclamó, si quisieras aun en este día que se te ha dado, si quisieras abrir los ojos para reconocer al único que puede darte la paz! Pero, estás herida de una ceguedad que causará tu ruina. Pronto llegará el día en que tus enemigos te circunvalarán de trincheras, te sitiarán y estrecharán por todos lados. Serás arrasada y tus hijos serán sepultados bajo tus ruinas y de Jerusalén no quedará piedra sobre piedra, porque no has querido conocer el día en que el Señor te ha visitado. » 

Momentos después, Jesús entraba en la ciudad seguido de la inmensa multitud de sus discípulos. La población en masa acudió á su encuentro en medio de una agitación profunda. Los extranjeros preguntaban: «¿Quién es este hombre y por qué estas aclamaciones ?— Es el profeta de Nazaret, se les respondía; es el que resucitó á Lázaro.» Y el Hosanna al Hijo de David resonaba cada vez más ardoroso á través de toda la ciudad. En cuanto á los fariseos, más exasperados que nunca, se decían unos á otros: « Ya veis que no hemos adelantado un paso; le condenamos á muerte y hé aquí que todo el pueblo corre tras él. » 

Los discípulos condujeron á Jesús hasta el templo en donde sólo permaneció un momento, pero lo bastante para ver la casa de Dios convertida de nuevo en un mercado público. Llegaba la noche; Jesús se retiró de allí resuelto á remediar al día siguiente semejante profanación y después de despedir al pueblo, volvió á subir al monte de los Olivos donde pasó la noche orando á su Padre. 






CAPÍTULO IV. Judíos y Gentiles. 


domingo, 21 de febrero de 2021

Una voz del desierto - Libro II - Cap. I - El Profeta del Jordán - JESUCRISTO, Su Vida, su Pasión, su Triunfo - P. Berthé

 

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LIBRO SEGUNDO. - Una voz del Desierto. –

CAPÍTULO I. El Profeta del Jordán. –

LA JUDEA, PROVINCIA ROMANA — DESOLACIÓN DE LOS JUDÍOS. — PONCIO-PILATOS — PROFECÍAS DE JACOB Y DE DANIEL. — EL PRECURSOR — CARÁCTER DE SUS PREDICACIONES — SU BAUTISMO. (Matth. III. 1-6 — Marc. 1.1-6. — Luc. III. 1-6.)

DESDE la aparición del ángel al sacerdote Zacarías, treinta años habían transcurrido; treinta años dé discordias y de revoluciones que habían aniquilado el reino de Judá y costado muchas lágrimas á los verdaderos hijos de Israel.

A la muerte de Herodes, su hijo Arquelao heredó el cetro, pero pronto el emperador Augusto lo arrancó de sus manos y redujo la Judea á provincia romana. Así desapareció la antigua monarquía de Judá. El pueblo de Ahraham, de David, de Salomón, de los Macabeos, vino a ser esclavo de los Gentiles, quienes desde lo alto de la torre Antonia dominaron la ciudad y el templo. Los Judíos conservaron la libertad de seguir su religión, pero sólo el gobernador romano, representante del César, ejerció en lo sucesivo el derecho de vida ó muerte y en consecuencia, él era quien administraba justicia y sus recaudadores recibían el impuesto que antes se pagaba á Jehová.

Los Judíos lloraron amargamente la pérdida de su nacionalidad. Herodes y sus viles cortesanos, llamados los herodianos, habían empleado todo su poder en favorecer la dominación extranjera; pero la masa del pueblo, fiel á la ley de Moisés, sólo esperaba una ocasión propicia para sacudir el yugo. Un cierto Judas oriundo de Galilea, se puso un día á la cabeza de un puñado de insurgentes y poco faltó para que sublevara todo el país; pero bien pronto los Romanos ahogaron la rebelión en la sangre de los rebeldes.

En los últimos tiempos, el descontento de los patriotas llegó á la exasperación. Los cuatro primeros gobernadores de la Judea, á pesar del mal tratamiento que daban á los vencidos, respetaban siquiera su religión; pero el quinto de entre ellos, Poncio-Pilatos, investido recientemente del poder, no perdía ocasión de manifestar su propósito de violar las más graves prescripciones de la Ley mosaica. Un día, el pueblo vió flamear en las alturas de la torre Antonia los estandartes de las legiones cubiertos con emblemas idolátricos. Ésta profanación sacrilega de la ciudad santa, produjo Un levantamiento general. Millares de hombres, mujeres y niños persiguieron á Pilatos hasta en su palacio de Cesarea, lo asediaron durante cinco días con sus clamores y le declararon que estaban todos resueltos á morir antes que ver otra vez á Jerusalén manchada con las imágenes de los falsos dioses. Pilatos cedió al fin, pero los Judíos, desesperados, comprendieron que su religión, su nación y sus leyes habrían ya tocado á su término, si Dios no enviaba el Libertador prometido á sus padres.

Por esta razón, con más asiduidad que nunca, los doctores estudiaban, inclinados sobre los sagrados pergaminos, las palabras solemnes de los profetas. En las sinagogas aseguraban al pueblo que el Mesías no podía tardar en aparecer. Jacob predijo que el cetro no saldría de Judá antes de la llegada del gran rey, el Deseado de las naciones que debía enviar el Señor. (1) Encontrándose el cetro de Judá en poder de los Romanos, decían los sabios, el gran Rey va á venir para recobrarlo y libertar á su nación del yugo de los tiranos.

Y á los que preguntaban si era llegado ya el momento preciso de la libertad, respondían los rabinos citando la célebre profecía de Daniel: "Setenta semanas pasarán para el pueblo y la ciudad santa, antes que tenga fin el pecado y la iniquidad quede borrada, la justicia eterna aparezca y sea ungido el Santo de los santos. Hasta el advenimiento del Cristo-Rey pasarán sesenta y nueve semanas y a mediados de la septuagésima, cesarán la oblación y el sacrificio. " (2)

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(1) Gen. cap. XLIX, 10.

(2) Dan. cap. IX, 24. Se trata en esta profecía de setenta semanas de años (490 años) que debían transcurrir desde el edicto que autorizaba la reconstrucción del templo de Salomón, hasta la muerte del Mesías. Y, en efecto, Jesús apareció en el curso de la semana septuagésima.

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Según sus cálculos, en pocos años más se llegaría á la mitad de la semana septuagésima y por consiguiente, se podía esperar de un día á otro la aparición del Mesías.

Ahora bien, en la fecha precisa indicada por el profeta Daniel, el año quince de Tiberio César, siendo Poncio Pilatos gobernador de la Judea, Herodes Antipas tetrarca de la Galilea y Filipo su hermano de la Iturea, bajo el pontificado de Anás y de Gaifás, esparcióse repentinamente en Jerusalén y en toda la Judea el rumor de que había aparecido un profeta en las riberas del Jordán. Al decir de las turbas que corrían al desierto para verle y oirle, llevaba por vestido un cilicio de piel de camello atado á la cintura por un ceñidor de cuero. Su alimento consistía en langostas y miel silvestre recogida en el tronco de los árboles ó en las grietas de las rocas. Por la noche se refugiaba en las cavernas de la montaña y allí, mientras que los tigres y chacales husmeaban de un lado á otro en busca de su presa, el nuevo Elias bendecía á Jehová.

A la usanza de los nazarenos, (1) llevaba una barba larga y majestuosa jamás tocada por la navaja y su cabellera flotaba en desorden sobre sus hombros, dando un aspecto más austero todavía á su rostro enflaquecido por el ayuno y las vigilias.

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1)      Secta religiosa venerada entre los Judíos.

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Nada se sabía de su origen: sólamente los viejos pastores de las montañas de Judá, contaban que un niño concedido milagrosamente al sacerdote Zacarías y nacido entre prodigios, había desaparecido desde sus primeros años sin haberse oído hablar más de él. Tal vez aparecía de nuevo para anunciar á sus compatriotas las voluntades del Dios de Israel.

El profeta de quien todos hablaban no era otro, en efecto, que el hijo de Isabel y Zacarías, el niño santificado desde el vientre de su madre, el hombre encargado por Dios mismo de preparar los caminos al Mesías. Después de haber pasado largos años en las más rigurosas austeridades, sintióse súbitamente llamado á inaugurar su misión de precursor. Bajo la acción del Espíritu Santo, un fuego divino penetró en su alma, su voz estalló como el rayo y su corazón fué poseído de una energía que ninguna fuerza humana habría podido doblegar. Al punto, abandonó el desierto que le había servido de refugio y se puso á recorrer las regiones montañosas, las orillas desoladas del gran lago que sirvió de tumba á Sodoma y Gomorra, y las riberas sagradas del Jordán.

Cuando se veía rodeado por el pueblo, Juan subía á una prominencia de donde dominaba á la multitud y con voz vibrante y austera decía á todos: « Haced penitencia, porque se acerca el reino de los cielos ». Sobrecogidas de religioso temor, las turbas le hacían preguntas sobre su misión. « Yo soy, respondía, la voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, haced rectas sus sendas. Todo valle será colmado, todo monte allanado; los caminos tortuosos se enderezarán y todo hombre podrá ver con sus ojos al Salvador enviado por Dios ».

Y el auditorio familiarizado con los símbolos de las Escrituras, comprendía, al oir aquellas palabras, que Israel recibiría bien pronto á su Libertador; pero que era necesario prepararle por medio de la penitencia la entrada á los corazones, expiar los pecados del pueblo, las prevaricaciones de los grandes, la ignominia de los pontífices, las profanaciones del templo, la indiferencia y desprecio de un gran número respecto a las prácticas de la santa Ley.

Juan no se contentaba con simples signos exteriores de arrepentimiento; exigía de sus discípulos una conversión sincera. A sus predicaciones agregaba el bautismo, para significar á los penitentes que las manchas del alma debían borrarse, á la manera que se purifican las manchas del cuerpo por medio de abluciones. Conmovidos por aquellas palabras de fuego, los oyentes se daban golpes de pecho, confesaban sus pecados y bajaban al río para recibir el bautismo. Juan los sumergía en el agua como en un baño espiritual y el bautizado salía del Jordán verdaderamente purificado por su arrepentimiento y su fe en el Libertador. Por medio de este acto solemne, se hacía ciudadano del reino de Dios.

Así preparaba Juan los caminos a Aquel que venía á borrar los pecados del mundo. De toda la Judea, de Jerusalén, de las cercanías del Jordán, acudían para pedirle el bautismo. Los nuevos iniciados regresaban á sus hogares repitiendo por todas partes las palabras del profeta: « Se acerca el reino de Dios». Más de un Judío, creyendo ver ya restablecido el reino de Judá, miraba con ojo amenazador á los soldados romanos de facción cerca del templo y se decía con orgullo: “Pocos días más, y la ciudad santa no se verá manchada por la presencia del extranjero”.